Mi pecado de Javier Moro.

MORO, Javier: “Mi pecado”. Editorial Espasa Libros S.L.U., 2018. Biografía, 380 páginas. Premio Primavera de Novela 2018.

Javier Moro relata la historia vivida de dos jóvenes hermanas, Conchita y Justa Montenegro, en 1930 en Hollywood.

Nos cuenta el éxito de la joven actriz española de 19 años, Conchita, en tierras americanas. Describe el esplendor de Hollywood cinematográfico, la abundancia de lujo, los excesos, las extravagancias y la avanzada tecnología americana, que en España todavía estaba a años luz.

Un mundo que sorprendió a las dos jóvenes, que lo vivieron con intensidad, arropadas siempre por los actores y actrices españoles que se encontraban allí y querían triunfar, dar el salto a la fama mundial.

Conchita con su espontaneidad, alegría, atrevimiento y decisión marcó una profunda huella. Conquistó por igual con su belleza, inteligencia y personalidad arrolladora.

Entre sus conquistas amorosas se encontraron actores y productores de gran fama; entre ellos, Leslie Howard, actor de películas de gran éxito como la conocida mundialmente “Lo que el viento se llevó“, Jack Cummins, sobrino de L.B. Mayer, que tuvo una brillante carrera como productor de películas de gran éxito, “Nacido para bailar“, “Siete novias para siete hermanos“; otra conquista amorosa, Raoul Roulien. Otro hombre muy importante en su vida fue el diplomático Ricardo Giménez-Arnau, tío de Jimmy Giménez-Arnau.

Las dos jóvenes hermanas Montenegro vivieron una vida de ensueño, algo impensable en su tierra de aquellos años -las antípodas en cuanto libertades, avances y desarrollo de aquel mundo-. El contraste entre ellas era similar a ambas tierras, Conchita, alegre, alocada, risueña, valiente, decidida, bella, inteligente; Justa, responsable, sosegada, temerosa, que permanecía en segundo plano y siempre al servicio y cuidado de su hermana pequeña.

Esta novela presenta tanto la vida de Conchita como la de Leslie Howard, sus dos protagonistas principales. La vida de Leslie me ha llamado poderosamente la atención. Las pinceladas que se dan sobre su vida personal lo muestran como un ser egoísta, de postureo. A su público al que en gran parte le debía la fama lo tenía en poca estima, le molestaba relativamente, no lo asumía como consecuencia de su trabajo, de su dedicación al cine. Con la familia le ocurría algo similar. Los quería a su manera, con egoísmo, les dedicaba poco tiempo, el tiempo libre que le resta del trabajo no lo disfrutaba con ellos, pero necesitaba que estuvieran ahí. La familia representaba el hogar, el orden, y su mujer, Ruth, era la oficial, la esposa política y socialmente correcta. Leslie llevaba una doble vida, un permanente adulterio, pero no concebía el divorcio porque no lo consideraba bien visto y necesitaba asegurarse ese reducto al cual volver después de sus correrías amorosas. En palabras de Leslie: “entiendo que el matrimonio es un contrato y el amor, un asunto privado“.

Con respecto al heroísmo de Leslie en política internacional -influir en el curso de la II Guerra Mundial-, tengo mis reservas; en el fondo, Leslie era un egoísta que aparentaba estar entregado a los demás, como se puede entrever en las páginas de la novela.

La responsabilidad que sintió Conchita, tras un acontecimiento trágico, la llevó a reflexionar, a tener en cuenta los consejos dados por amigos, y después del rodaje y estreno de la película “Lola Montes“, de gran repercusión comercial, tomó una decisión que llevó a cabo hasta los últimos días de su vida.

Una novela que merece la pena leer.

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